En cualquier club de Madrid, a las nueve de la noche, alguien saca de la bolsa un bote que abrió hace tres semanas, las pelotas botan a media altura y la pista decide que hoy se juega con esas. Nadie las ha pinchado: simplemente llevan tres semanas perdiendo presión. Por eso se vende cada vez más el presurizador de pelotas de pádel, y por eso conviene saber qué hace.
La pelota se desinfla sola, juegues o no
Una pelota de pádel es una carcasa de caucho sellada, con una presión interior de entre 0,8 y 1 bar por encima de la exterior. No lleva válvula ni tapón, porque el propio caucho es el recipiente, y ese caucho deja escapar moléculas de gas. A esa fuga se le llama difusión y no se puede detener, ni jugando poco ni guardando el bote en el armario.
Los ensayos de laboratorio ponen cifras a esa sensación. Tras un mes en una estantería, unas pelotas abiertas y sin jugar pierden de media un 22% de su presión interna, y en algunas marcas la caída se acerca al 40%. El mismo laboratorio compró botes precintados en cinco tiendas y el 43% de las pelotas ya estaba por debajo del rango de referencia habitual al abrirlas. La temperatura suma lo suyo, alrededor de 1 psi por cada 10 °C.
Qué es un presurizador y qué dos familias hay
Un presurizador es un recipiente que guarda las pelotas a una presión mayor que la de su interior. Cuando fuera aprieta más que dentro, la difusión se invierte y el gas vuelve a entrar por la misma pared por la que se fue. En el argot de los clubes se le llama bote presurizador. El proceso no es inmediato ni puede serlo: a unas pelotas jugadas una o dos veces les bastan entre 24 y 48 horas, y las blandas piden más.
Conviven dos familias distintas. Los pasivos son tubos que se enroscan o se inflan con bomba de mano: comprimen el aire una vez y conservan la presión que la pelota ya tenía. Los automáticos llevan compresor y sensor, generan ellos la presión y la reponen cuando baja, así que recuperan una pelota blanda y no solo frenan su caída. Las búsquedas de presurizador automático han crecido un 600% en un año.
De la lata metálica de 1926 al tubo con bomba español
Guardar las pelotas bajo presión es casi tan antiguo como el envase. En 1926 la Pennsylvania Rubber Company las selló en latas metálicas presurizadas, con patente fechada el 20 de julio de aquel año, y en los setenta llegó el tubo roscado reutilizable, de donde viene el nombre comercial estadounidense «Tennis Ball Saver». El salto siguiente se dio aquí: con el boom del pádel, fabricantes como Ball Rescuer, Tuboplus o Pascal Box le añadieron válvula y bomba de mano, que suben la presión más de lo que aguanta una rosca, y esos tubos estaban en las bolsas españolas mucho antes que en el resto de Europa. En 2023 llegaron las primeras unidades automáticas y en 2026 los botes «inteligentes» de crowdfunding.
La ITF mide el rebote, no la presión
La Federación Internacional de Tenis no homologa las pelotas por su presión interna, sino por masa, tamaño, deformación y, sobre todo, por cómo botan: una pelota de tipo 2 se deja caer desde 254 cm sobre hormigón y debe rebotar entre 135 y 147 cm. La presión importa por el bote que produce, no porque figure en ningún certificado, así que la cifra de una caja es un dato, no un sello de calidad.
Lo que un presurizador no puede arreglar
La presión es uno de los tres factores que hacen que una pelota parezca nueva. Los otros dos son el fieltro, al que la humedad y el polvo cambian el peso y el rebote, y la elasticidad del caucho, que se pierde con la edad. Ninguno de los dos se recupera con aire. Una pelota que lleva un año desinflada tiene el núcleo alterado y una pinchada no se salva. Vale para todos los fabricantes, Pressurebox incluido: un presurizador mantiene buenas las que están bien, despierta las cansadas y no resucita las muertas.
Nadie deja de comprar pelotas por tener un bote presurizador en casa, pero con él se tiran menos pelotas que aún sirven, y en conjunto eso pesa: solo en Estados Unidos van al vertedero unos 125 millones de pelotas de tenis usadas al año.
Ball pressurizer, ball saver, ball charger
Quien busque en inglés encontrará tres etiquetas para el mismo objeto, sin diferencia técnica. Ball pressurizer es la descriptiva, ball saver la más antigua y viene de aquel «Tennis Ball Saver» de los setenta, y ball charger la más reciente, con la metáfora tomada de la electrónica. Ninguna de las tres ha cuajado en español, así que lo sensato es llamarlo presurizador.
Cómo leer un «primero del mundo»
Con la rapidez pasa lo mismo: como la pelota no tiene válvula, no hay atajo posible, y un aparato que promete una recuperación instantánea está midiendo la presión, no devolviéndola. El «primero del mundo» chirría en un mercado donde los tubos con bomba llevan más de una década en los clubes españoles.
Pressurebox
Pressurebox es una empresa sueca que fabrica botes presurizadores automáticos desde 2023 y tiene clientes en más de 100 países. El modelo Pro ofrece dos niveles de presión, de aproximadamente 1,4 y 1,9 bar sobre la presión ambiente (20 y 28 psi), y el modo se elige por lo blandas que estén las pelotas y por el tiempo que vayan a estar guardadas, no por el deporte. Aun así, hay dos versiones, Pro Padel y Pro Tennis, a 99 euros, con un año de garantía y envío gratuito a todo el mundo. Puedes ver la gama completa en presurizadores de pelotas de pádel.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tarda en recuperar unas pelotas? Entre 24 y 48 horas si se han jugado una o dos veces. Las blandas necesitan más días, y no se puede acelerar porque depende de la difusión a través del caucho.
¿Sirve el mismo aparato para pádel y para tenis? Sí. Un presurizador de pelotas de pádel y un presurizador de pelotas de tenis funcionan igual, y el modo se elige por dureza y tiempo de guardado, no por deporte.
¿Recupero unas pelotas que llevan un año en el maletero? Muy poco. Unos meses sin presión alteran el núcleo y una pinchada no tiene arreglo, así que estos aparatos rinden con pelotas que siguen en uso.
¿Un tubo de rosca hace lo mismo que uno automático? No. El pasivo comprime el aire una vez y conserva la presión existente, mientras que el automático la genera y la repone con un compresor, así que levanta pelotas blandas.
¿Afecta la temperatura? Sí, alrededor de 1 psi por cada 10 °C, así que el bote presurizador rinde mejor en casa que en el coche.
Fuentes
- Carolyn Steele, Tennis ball degradation, tesis doctoral, Universidad de Loughborough (2006)
- Rod Cross, Universidad de Sídney: Ball Bounce y Balls Dynamic Tests
- «Characterisation of ball degradation events in professional tennis», Sports Engineering (2017)
- «Solitary waves to assess the internal pressure and the rubber degradation of tennis balls», Experimental Mechanics (2018)
- ITF, especificaciones y homologación de pelotas (Reglas del Tenis, apéndice I)
- International Tennis Hall of Fame, «Tins, Cans, and Cartons»
- RecycleBalls